Consideraciones sobre el mundo del coaching

Una de las profesiones de nuevo cuño que más en alza se encuentran es la de mentoring o coaching. Se trata de una actividad pujante que está cobrando enorme protagonismo, tanto en las empresas como entre los particulares.

Pero ¿qué es un coach? ¿Cuál es la diferencia que existe con un psicólogo convencional, si es que la hay? Como punto de partida, cabe decir que un coach es, en cierto modo, un entrenador de personas. Posee una formación específica que le permite motivar, orientar y asesorar para tratar de alcanzar los objetivos personales de sus clientes. Entre sus funciones, destaca especialmente la de ofrecer las técnicas y los principios básicos que permitirán hacer realidad las metas planteadas.

 

El trabajo de un coach

 

Del mismo modo que un entrenador deportivo se ocupa de coordinar a los deportistas que están bajo sus órdenes, sacar lo máximo de ellos y acercarlos a los logros planteados, estos entrenadores de personas trabajan en esa misma dirección con sus clientes. Los objetivos planteados pueden ser muy variados, desde mejoras personales generales hasta cambios y progresos profesionales, pasando por la modificación de ciertos hábitos o la superación de las limitaciones y carencias que siempre han lastrado la actividad humana.

El coach trabaja con personas que poseen las herramientas necesarias para conseguir sus sueños, solo que no saben cómo hacerlo. Esta sería la principal diferencia con los psicólogos, quienes tienen un conocimiento de la mente mucho más profundo y son capaces de reactivar la psique de los individuos que carecen de estas posibilidades o, simplemente, no son capaces de creer en ellas.

 

Cualidades de un buen coach

 

Los mejores coaches tienen un don personal para descubrir lo mejor de los demás y entrenarlos para que sean capaces de sacar el máximo rendimiento a sus potencialidades. Hacer creer al prójimo en sí mismo es, sin duda, su principal habilidad. Para ello deben ser personas dotadas con una gran empatía, que sepan ponerse en el lugar de los otros, entender sus circunstancias y bucear en ellos con precisión para identificar qué factores individuales son aprovechables para poner en marcha esa actividad personal que puede llevarles a lograr sus metas.

Asimismo, la capacidad comunicativa es una cualidad imprescindible en los mejores coaches. No basta con identificar la realidad, es necesario darla a conocer y estimular a sus interlocutores en la dirección correcta. Además del dominio técnico de estos conocimientos especializados y psicológicos, su labor requiere altas dosis de persuasión, convencimiento e intercambio para rediseñar las actitudes, las emociones y las ganas de avanzar de los individuos que les contratan.

El enfoque de un coach se orienta, siempre, en el presente. Parte del aquí y ahora, del análisis de la situación actual, para diseñar y desarrollar un plan de acción que permita alcanzar los objetivos y las metas planteadas. Su objetivo es potenciar los mecanismos personales existentes, entrenarlos y orientarlos en la búsqueda de los logros establecidos.

Desde un punto de vista práctico, el coach es, ante todo, un observador de la realidad. Se dedica a cuestionar, preguntar e identificar las causas que producen una situación o un estado de ánimo específico. Su labor no consiste en sacar conclusiones, sino en hacer que su cliente lo haga. En este sentido, la mayéutica del filósofo griego Sócrates puede entenderse como un cierto precedente del coaching: a través de buenas preguntas, certeramente escogidas, este sabio clásico era capaz de enseñar a sus alumnos y permitirles descubrir, por sí mismos, la realidad.

 

El trabajo de un coach

 

La labor de un entrenador personal consiste, fundamentalmente, en presentar caminos y animar a recorrerlos. Así, su trabajo es muy valioso cuando se trata de fijar metas: él no decide qué hacer o no, pero establece un muestrario de las alternativas, los medios y los recursos necesarios para hacerlas realidad. En consecuencia, se dedica a enfocar con claridad, partiendo de las expectativas del individuo, ya sea en el plano profesional o en un concepto más personal.

Si hubiera que definir la actividad de un coach desde un punto de vista operativo, teniendo en cuenta las consecuencias de su trabajo, podría decirse que la función de un entrenador personal radica en mejorar a la persona que le contrata. Aclarar su mente, enfocarla, fortalecerla y colocarla en las condiciones idóneas para hacer realidad sus metas, por medio de un aprendizaje completo y convenientemente canalizado, forman parte de sus habilidades. De este modo, no solo es capaz de descubrir nuevas capacidades, potencialidades y talentos en su público, sino que tiene el poder de estimular al cliente y hacerle creer en ellas, de manera que aprende a canalizarlas y aprovecharlas muchísimo mejor que antes.

 

Áreas de actividad del coaching

 

Fieles a la máxima vertida por el astrónomo Galileo Galilei: “No podemos enseñar nada a la gente; solo ayudarles a descubrir lo que hay en su interior“, el trabajo de un buen coach se dirige siempre al “tú”, al otro. De manera personalizada, establece las opciones existentes, define las posibilidades y los medios disponibles y estimula en la dirección en la que su cliente, realmente, quiere avanzar.

Quienes acuden al coaching desean alcanzar logros significativos en sus vidas. Este enfoque es igualmente válido cuando se trata de la trayectoria profesional o del devenir más personal. Así, una persona que desea dar un giro a su carrera profesional, reciclarse y cambiar de actividad, ámbito o empresa, puede sentirse muy ayudada por un coach apropiado. Con frecuencia, salir de la zona de confort, enfrentarse a la realidad y romper con todo aquello que bloquea a una persona es lo más difícil. Un individuo, por sí mismo, puede carecer de la claridad mental y el ímpetu necesarios para dar este paso. En manos de un entrenador personal, sin embargo, puede ser capaz de diseñar su nuevo plan de actuación y aferrarse a él de una manera exitosa.

Muchos profesionales que anhelan dar un giro a sus carreras, por ello se ponen en manos de un coach altamente cualificado y consiguen reorientar su actividad en la dirección correcta.

Las propias empresas, incluso, han empezado a contar con el coaching para descubrir y estimular el talento de sus empleados en beneficio del grupo. Está claro que la cohesión, la motivación, el enfoque óptimo y la claridad mental de toda la plantilla incrementan la productividad y la eficacia de los equipos humanos. Con este propósito, algunas grandes compañías (y otras no tan grandes) ponen a disposición de sus empleados servicios de coaching que estimulan y refuerzan sus habilidades en beneficio de sus objetivos personales… en el ámbito de la organización.

Con todo, el coaching no se limita únicamente a la actividad y el entorno profesionales. Es en la propia intimidad, en la vida personal, en las metas más genuinamente humanas, intrínsecas del día a día, donde un entrenador personal adquiere su máxima dimensión. En primer lugar, porque cualquier cambio humano, incluidos los laborales, se sustenta necesariamente en un cambio de actitud, motivación o hábitos que procede del plano más íntimo. En segundo, porque existen numerosas metas personales que pueden hacer cambiar la existencia de un individuo cuando se alcanzan. E, incluso, simplemente, cuando se empieza a perseguirlas.

Un ejemplo ilustrativo podría ser el de aquella persona puede haberse convertido en alguien solitario que tiene dificultades para relacionarse con los demás, querer y sentirse querido por los otros. Acomodada en sus rutinas cotidianas, en la repetición de pautas de soledad que le hacen sentir tranquila y cómoda, pero no bien, se refugia en esa dimensión introspectiva para no complicarse la vida. Al ser consciente de ello, y desear dar un giro radical a su existencia, puede ponerse en manos de un coach experto para cambiar su relación con los otros y, quién sabe, tal vez encontrar en el amor un nuevo estímulo vital.

Otras personas se sienten dominadas por la prisa, por el estrés, por la falta de tiempo para dominar su vida. Les puede el día a día y se sienten saturadas por una sensación crónica de infelicidad de la que quieren huir. A menudo, un coach es capaz de ayudarles a establecer prioridades, a jerarquizar y gestionar su tiempo de una manera más saludable, emocionalmente hablando, para sus intereses y objetivos.

La capacidad que tiene un coach para “ayudar a aprender”, para hacer pensar y comportarse de un modo diferente, y tomar decisiones que llevan en la dirección perseguida, es muy importante en esos momentos de cambio, ya sea personal o profesional, que sus públicos se han planteado.

 

La profesión de coach

 

Para el profesional del coaching, está actividad ofrece en nuestros días excelentes posibilidades laborales. Dado que se trata de una profesión tan reciente, todavía no está excesivamente regulada, lo que da pie a que, en cierto modo, cualquiera pueda autodenominarse coach y empezar a ofrecer sus servicios. Sin embargo, la clave del éxito profesional está en la formación. Solo así es posible adquirir, potenciar y aprender a transmitir las cualidades que estos especialistas requieren.

La escucha activa, la formulación de buenas preguntas, la capacidad de no juzgar y la claridad mental adquieren una eficacia muchísimo mayor cuando van acompañadas de los conocimientos y los métodos científicos idóneos. Actualmente existe un gran número de centros de formación en coaching: conviene aplicar el sentido crítico, informarse ampliamente sobre cada una de estas opciones y chequear los currículos y las trayectorias de cada centro antes de decantarse por unos u otros.

Desde un punto de vista operacional, es cierto que existen diferentes enfoques válidos para canalizar esos logros potenciales de los otros. Desde técnicas empresariales de management, empowerment y liderazgo hasta filosofías orientales, conceptos clásicos o pautas extraídas de la psicología pueden llegar a ser capaces de ayudar en la dirección perseguida. El coach, en cualquier caso, ha de descubrir su propio estilo, ese ámbito de ayuda a los demás en el cual se siente cómodo y aumenta su eficacia. Y, en buena lógica, debe profundizar en él y mejorar continuamente para convertirse en un profesional cada vez más cualificado.

 

¿A qué se dedica un coach?

 

Más allá de este proceso formativo permanente, el entrenador personal pasa su día a día reuniéndose con personas que solicitan su ayuda. Por regla general, las entrevistas y los encuentros, más o menos formales, llenan su agenda. La imaginación y las necesidades de cada caso determinan cómo se llevan a cabo esos encuentros: pueden ser en las instalaciones del coach, desde luego, pero también en el domicilio o los lugares del entorno del cliente, así como en entornos neutrales o ajenos. Así, ir juntos a la ópera, o pasear por un parque, pueden ser decisiones acertadas para conseguir liberar al cliente de sus ataduras y alimentar las posibilidades de alcanzar sus metas.

Además de estas reuniones individuales, que constituyen la esencia de su actividad, actualmente los coaches también participan en reuniones grupales, charlas motivacionales que transmiten el enfoque y la filosofía de su trabajo. Con frecuencia, son un primer paso para captar nuevos clientes, aunque también constituyen una fuente de ingresos por sí mismas. Esta labor de conferenciante se completa, en ocasiones, con la redacción y publicación de ensayos y artículos, los cuales contribuyen a multiplicar la notoriedad y el deseo de contar con esos profesionales. Del mismo modo, como ocurre con cualquier tipo de escritor, la presencia en los medios de comunicación es, también, un ámbito profesional inherente a este trabajo.

Por todo ello, las oportunidades laborales que ofrece convertirse en coach son ciertamente interesantes en su doble dimensión: como asalariado de una empresa u organización que confía en el coaching para multiplicar la productividad de sus equipos, o como autónomo o freelance que impulsa su carrera personal y trata de abrazar el sueño laboral, hecho realidad, de ayudar a los demás para que alcancen sus propios objetivos.

 

A modo de conclusión

 

En pleno siglo XXI, cada vez más personas necesitan la colaboración de buenos profesionales para canalizar y enfocar sus fuerzas en aquellos objetivos concretos que pueden contribuir a mejorar su existencia. Así, el papel de los coaches está siendo cada vez más demandado e importante, hasta el punto de que se ha convertido en una constante en nuestra sociedad. Tanto es así que formarse como entrenador personal es una salida profesional que ofrece enormes posibilidades de futuro, económicas y de desarrollo individual.
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